Mamá Lidia es la mamá de tantxs seres que pasamos por su cocina que la lista sería interminable.

Tanto para mí como para Paolo, ella es nuestra mamá en este lugar maravilloso donde vivimos y trabajamos. Ella se ganó nuestros corazones desde aquel momento mágico en que nosotros visitábamos por segunda vez la tierra aún salvaje de la finca, y desorientados y casi asustados, nos sentamos a pensar en un tronco bajo la sombra de sus cafetales. Sería ya la hora de almuerzo y ella nos envió con alguien un almuerzo dominicano para los dos. Había habichuelas, arroz, carne. Aquel plato de típica comida dominicana son sabor característico de aceite de coco sabía a abrazo, a la palma que acaricia la nuca cuando ya parece no haber alternativas. Ella nos cobijó desde ese inolvidable momento hasta hoy, y hemos comido de sus manos cada día al finalizar la labor en la finca o en la fábrica. El cansancio del día de trabajo se desvanece con el aroma de sus comidas, porque son abrazos de mamá, de manos generosas y sabias.

En este blog vamos a compartir sus recetas, esas que como ella hace, nadie sabe hacer.

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